Blog de limaduradehierro

El clásico expropiado

Escrito por limaduradehierro 06-11-2018 en Futbol. Comentarios (0)

¿Que seria de un club sin "El hincha"? una bolsa vacía. El hincha es el alma de los colores, es el que no se ve, el que se da todo sin esperar nada. Eso es el hincha". Fragmento de "EL hincha" 1951, en voz de Enrique Santos Discepolo.

Hasta el clásico nos expropian. Un clásico histórico en un instancia eliminatoria. De un torneo tal vez no muy importante. Pero, como todo clásico, entre rivales se quieren ganar hasta "jugando a la bolita". Y lxs hinchas de ambas cuadros afuera, y la postal que dejara sera un cancha de populares y plateas vacías, alejadas de su ciudad natal, en un estadio fundado por un jerarca (o EL jerarca del fútbol argentino) para su capricho personal. Nada mas denigrante, miserable y farsaico para tal evento deportivo. Una contradicción en si misma. Un oxímoron. El macrismo nos expropio hasta el clásico. En su afán de atacar a Rosario, en su afán de criminalizarlo todo, en su afán de afanar hoy le toca al clásico. No menos lejos estuvieron directivos de ambos clubes y la Provincia de Santa Fe. Pero como dice Discepolo el que paga es el hincha. El que se escapa del laburo para verlo, el que lo veo u oye en el laburo, el que justo se enferma; la pibada que se pega el faltazo a la escuela, lxs que reunen dejando todo de lado, lxs que viajan gastando el mango que no tienen, y toda la expresiones y maniobrillas que "El hincha" construye y crea. 
En fin, toda la liturgia y el folclore alrededor del deporte del balonpie. Las alegrías y tristezas populares detrás de este espectáculo como motores de las ilusiones de las masas. Es ALGO MAS que un partido de fútbol. Vivirlo y transitarlo con emociones distintas, tal vez, para escapar del yugo cotidiano de la vida. Y quien te dice que una victoria de tu cuadro no mitige por un rato lo que nos duele, nos preocupa...
Y, no dejo de pensar, que podría escribir sobre esta farsa de clásico -que nos imponen desde arriba- el Negro Fontanarrosa... Parecería sacado de un cuento o relato fantastico, distópico, medio Orweliano. Pero la cosa no viene de caprichos, detrás de esta enorme CENSURA hay una lógica represiva comandada por la conversa de Pato Bulrich Luro Pueyrredón. Que en su inagotable descenso a los infiernos del carrerismo político burgués que pasó de Montoneros a la Alianza hoy debenida en Cambiemita boina verde: todo lo destruye, todo lo reprime y esto, que es cutura, también. 
Pero bueno, al fin y al cabo es solo un partido de fútbol, no más...


Afuera los violentos

Escrito por limaduradehierro 13-03-2018 en Diálogo. Comentarios (0)

Cafetería, ciudad de Buenos Aires –cercana al Congreso de la Nación-, en el exterior (las calles) se está sucediendo una movilización contra el gobierno.

Luis (42) y Oscar (35) están tomando un café. En una mesa pegada a uno de los ventanales del bar.

Luis:

Ahora sí que vamos a pasar al frente. Nos van a llover verdes, hermano.

Oscar:

(Ríe) Dios te oiga, ojalá los holandeses muerdan el anzuelo.

Luis:

Que Dios ni que Dios. Esto es obra nuestra y nada más.

(Se toma un momento)

Es lo que espere toda mi vida, y se va a dar hermano.

Las calles cada vez más pobladas. El bullicio de los bombos y los canticos se cuela en el clima del bar. Luis mira para afuera, parece –por un momento- perder el interés en la charla.

Luis:

Que quilombo, se va a terminar poniendo feo esto.

(Mirando por el ventanal)

Oscar:

Y con estos negros la cosa siempre termina mal… que le metan bala nomás, carajo!

Luis:

(Vuelve la mirada sobre su colega)

Te acordás el año pasado en la marcha contra la “yegua” por lo del “fiscal”.

Oscar pone cara de desconcierto

Oscar:

La última vez que fui a una marcha fue para bancar a Alfonsín en las Pascuas, no sé de qué me hablas.

Luis:

(Buscando complicidad) Dale, boludo. Estabas como “loco” (hace un gesto tocándose la nariz) casi te cagas a trompadas con un pendejo de la facultad que pasó provocando

Oscar:

(Frunciendo el ceño) Luisito, querido, escúchame una cosa: te estoy diciendo que no era yo, me parece que me confundiste con otro, ¿eh?

Luis:

Tenías la misma chomba que tenés ahora y tu “jermu” un afiche que decía, algo así, como: “No queremos ser Venezuela”

Se genera un silencio Oscar se reclina sobre la silla y revuelve el café, ya vacío.

Oscar:

(Asistiendo con la cabeza con la mirada sobre el pocillo de café) Ahí me cagaste, Marcela siempre repite esa frase… (Levanta la mirada hacia su colega) pero creo que la pancarta decía “Cuba”, no “Venezuela”.

(Luis se rié)

Un silencio se apodera de la conversación.

Oscar:

Pero, ¿sabés que Luisito? El que casi le rompe la cabeza al pendejo ese…fuiste vos. Y no fue “casi” un pelea, lo recagaste a puñetes…

El rostro de Luis se transforma con un gesto de extrañeza y odio.

En ese momento, en la calle, las fuerzas represivas avanzan sobre los manifestantes estos responden lanzando piedras, pasan por la vereda manifestantes ensangrentados, se oyen gritos. Una abuela que sostiene una bandera argentina, queda en el medio del enfrentamiento, mueve sus manos exultantes mientras parece que recita un discurso. Luis y Oscar, siguen la acción desde la mesa del bar, parecen preocupados pero están inmutables.

Luis:

Que terrible lo que le hacen a los viejos. Mi abuela cobra la mínima y ahora se va a cagar más de hambre.

Oscar:

Hermano, con la guita que vamos a ganar le vas a poder comprar 2 casas a la vieja…

Luis hace un gesto de afirmación pero no muy convencido

  Oscar vuelve su atención a Luis quien sigue observado los hechos de la calle.

Oscar:

Como le diste masa a ese zurdito de la UBA (carcajada)

Luis:

(Vuelve violentamente la mirada sobre su colega y se incorpora sobre la mesa)

(Mordiéndose los labios) Pero ¿Qué decís, forro? Si fuiste vos, mírate la chomba, esa mancha que tenés ahí, que te tapas con el saco, es la sangre de ese pibe…

Oscar:

(Se abre el saco, rasca con el dedo la mancha y se chupa el dedo)

(Luego de unos segundo) Helado de chocolate, hermano. Del domingo que fuimos a Monks con la gorda y los pibes (sonríe cínicamente).

Luis visiblemente enojado

Oscar:

(Reclinándose sobre la mesa y apuntando con su dedo hacia Luis)

Escúchame bien pelotudo, te digo que fuiste vos el que lo fajo.

Luis:

(Respirando profundo volviendo serenidad a su rostro y cuerpo)

Oscarcito, yo no me pelié nunca en mi vida. No soy violento, acordate hermano: hace 5 años el torneo de la empresa. Le metiste un cabezazo a Molina, por una falta boluda que te hizo. Me parece que el violento sos vos…

Oscar:

(Con el ceño fruncido e hiperventilando) ¿Por qué mentís?

Luis respira profundamente, se tira sobre el respaldo de la silla y deja caer su cuerpo. Mira hacia la barra y con un gesto pide la cuenta.

Luis:

Che, tenemos que volver a la oficina. Que quilombazo la puta madre, ¿podremos llegar?

(Oscar se tranquiliza lentamente vuelve a ponerse sereno)

Oscar:

Veamos, tal vez lo mejor sea rodear la manzana y entrar por la parte del personal de limpieza.

Luis tiene su mirada hacia el exterior, parece haberse calmado la situación, sin embargo la marea de gente sigue caminado hacia al congreso, y los bombos y canticos parecen no cesar.

Luis:

(Asiente con la cabeza)

Se acerca el mozo, Oscar paga mientras Luis sigue inmutado echado sobre la silla mirando hacia afuera.

Oscar:

Che, dejémonos de boludeces. Metamos la cabeza en la fusión. Además creo que, más allá de quien fajo al zurdito ese, los dos estamos de acuerdo en que se lo merecía. ¿O no?

Luis vuelve la cabeza sobre su colega, sonríe y asiente.

Ambos hombres se levanta de la mesa y se retiran.


Y llegaron los carnavales

Escrito por limaduradehierro 13-03-2018 en Cuentos. Comentarios (0)

Y llegaron los carnavales, que lindos che. La pibada correteando, la familia y el picnic, los amigos y las amigas con la birrita, los noviecitos mimoseando. Todos reunidos en el Scalabrini para tomar fresquito y disfrutar de la comparsa, los bailes y la música. Así que allá fuimos con mi amigo Juan Car. Nos compramos unos packs de birrita, picamos unos fiambres y partimos rumbo al parque. Lleno de gente por doquier, ya cuando nos acercábamos al predio el viejo y querido “Rey Momo” o nieve o espuma o “la porquería esa que tiran tanto pendejos boludos como grandotes boludos”( según Juan Car), desfilaba por los cielos en largos chorros. Pobre “Jota Ce”, que amargado que anda. Y bueno, hace mucho que no sale, pensé. Además anda mal: se separó hace poco. Segundos después mi amigo sería rociado en su rostro por una pequeña criaturita de pelo largo y sonrisa traviesa, que desapareció luego de gozar unos segundos frente al rostro espumado de este. Un pequeño silencio se rompió con una carcajada de ambos. Y que esperabas, amigo, le tiré. Llegamos, nos ubicamos cerca del “pequeño corsódromo” y disfrutamos del baile, las murgas, las comparsas y la “mar en choche”. Ya para esa altura la maldita espuma andaba de mano en mano, llovía en todas las direcciones y en ángulos posibles, provenientes de los pequeños pulgares de niños o de manos maduras (y cuando no peludas) de adultos. A esa altura la birra hacía efecto. Juan Car estaba obnubilado por una bailarina que se acercaba a saludar a la vaya, que estaba a escasos metros de nosotros. “Jota Ce” se abalanzó hacia ella, como muchos otros muchachos.

Yo me mantuve, pensaba en Juan Car y por dentro me reía: disfruta hermano, que tantas lágrimas derramaste. El clima de fiesta, la sonrisa de Jota Ce, la joven bailarina que lo obnubilaba, la nenita de metros al costado que tiraba con total impunidad a la cara, todo se vio interrumpido por un grito: “déjenme laburar”. Un grupo de “control urbano” y un can, rodeaban a un viejito que vendía “Rey Momo”. Llevaba uno de esos carritos de las compras que usan los jubilados. Lleno de packs de la espuma en cuestión. Un agente intentó secuestrárselo, a lo que el vendedor, de zapatos gastados y gesto adusto pero amable, le propinó un empujón al jovencito que lo distanció varios metros para atrás. Ya para ese momento éramos varios los que habíamos acudido en auxilio del viejo vendedor: “Déjenlo laburar”, parecíamos gritar a coro.

“No ven que hay un montón de otros vendedores”, disparó alguien, “después qué, ¿van a meter en cana a todos los que están tirando espuma?”, señaló con mucho criterio una mujer. Ya en un tono más combativo, también se escuchó: “conseguite un laburo de verdad, verdugo”. Las cosas se calmaron del lado de los agentes del orden, que dejaron de fustigar al viejo vendedor ambulante. Pero empezaron a discutir con nosotros, o sea, los que saltamos. “Que nosotros también estamos laburando, que cumplimos funciones, que esto, que aquello…”. El único hombre de azul que acompañaba a los “urbanos” se me acerco primero en tono confrontativo, diciendo que lo había insultado. Respondí respetuoso y con el “oficial” por delante, sin tutiarlo. Con altura, ¿vio?. Sin embargo, el tipo denotaba una tremenda falta de “profundidad teórica”, como diría Jota Ce, que a esa altura lo había perdido por completo, como así también a los que a mi alrededor habían saltado: habían desaparecido. Cagué, pensé. Termino en el calabozo el día del carnaval. Por sobre el hombro del milico, a no más de 5 metros, nuestro héroe, el vendedor de espuma, finalizaba una venta y daba el vuelto a un niñita que corría a seguir con sus andanzas pícaras. Vuelvo sobre el milico, que ya no tenía un tono confrontativo, sino más bien “amistoso”, cosa que me ponía más incómodo que saber que me podían encanar. Le seguí la corriente hasta que interrumpí abruptamente su monólogo para decir “disculpá, perdí a mi amigo”, y sin solución de continuidad arranqué a caminar sin rumbo fijo, pero lejos del hombre de azul. Unos metros más adelante Juan Car, visiblemente afectado por la birra, la calor, los movimientos pélvicos de la bailarina que lo obnubila, estaba con los ojitos medios chinos, extasiado. Se acerca a mi bailando (o algo parecido a eso), y me abraza afectuosamente. Gracias por invitarme, me lanzó. Necesitaba esto.


Una mujer fantástica

Escrito por limaduradehierro 13-03-2018 en Cine. Comentarios (0)

Una mujer fantástica es un lienzo de sensibilidades antagónicas que enfrenta: la identidad de género, la autopercepción, el amor y la lucha de “una mujer trans fantástica” contra un Estado y una sociedad homofóbica y patriarcal en la Chile neoliberal del SXXI.

La película tiene un “registro trans”. Marina no es una mujer, es una chica trans y eso se nota en cada escena y secuencia, en cada registro sonoro y visual (de su respiración, de los planos de su rostro, de su cuerpo). A diferencia de otros films (y otros discursos) la visión no es “heterosexual” o gay friendly; hay una dialéctica entre la protagonista y el director que se siente, se respira, se aprecia en cada plano.

Las escenas chocan, como las cataratas contra las rocas, entre los opresores y la oprimida (como la expresión particular de un colectivo). Así logramos ver la vida a través de los ojos de Marina. Con una potencia narrativa y visual bellísima.

El camino de Marina

La chile de la herencia pinochetista -encarnada en una clase media profesional- está descripta de manera sutil pero, no por eso menos violenta y reaccionaria. Esto es un punto fuerte ya que el film no “exagera” gestos ni discursos en de generar golpes de efecto favorables. Combinado con escenas de situaciones violentas: desde un secuestro a lo banda parapolicial de la dictadura, hasta un requisa física en una bajo coacción. Marina resiste, sufre, sigue su camino. La furia trans se incrementa.

Ella, no se rinde, lucha, sabe de opresiones, de discriminación, de sufrir la violencia en carne propia por eso mantiene una cierta “corrección política”, una mezcla de frialdad y dureza frente a los atropellos de las y los intolerantes que la rodean. Eso sí, sin quebrarse ni capitular. Consciente de no tener “legalidad” como mujer-trans, que sus derechos democráticos básicos son vulnerados tiene que guardar silencios, sobrevivir, escabullirse y seguir su camino.

Mientras es atacada por la familia de su pareja fallecida (a quienes solo les importa la herencia del finado y el statu quo que la “familia” ostenta a la sombra del: “reconocido arquitecto”); mientras la policía de investigaciones intenta vincular a Marina a un supuesto crimen pero por sobre todo “aleccionarla”, humillarla por su identidad sexual; Marina transita el duelo por la pérdida de un gran amor a manos de la muerte trágica e inesperada. Con un único objetivo hacer valer su “derecho humano” a velar a quien, hasta unas horas antes, fue su compañero de vida.

Furia Trans

Pero no es todo el “camino de la muerte”, aunque esté allí a la vuelta de la esquina (como lo vivió Gustavo) también está la música, como pulsión de vida. Marina es una cantante lírica de opera con voz de sirena. En las dos escenas donde la escuchamos cantar lirico su voz rompe el contexto opresivo y nos relaja, nos eleva, nos llena de EROS.

Marina logra despedirse de su compañero. Enfrenta a la familia –en una de las escenas finales- descargando toda su rabia, su furia. Y aquí también la pulsión de vida, de supervivencia, el hartazgo contra los nefastos. Marina, destapa su furia trans.